domingo, 10 de mayo de 2015

No hay México lindo y querido para madres centroamericanas

Anita Zelaya desde hace trece años no sabe de su hijo Rafael Rolin, que la última vez que lo vio, fue cuando se despidió de ella para migrar de su país con 350 dólares y una cebadera.


XALAPA/AGENCIAS


El silencio se adueña de la charla cuando la palabra México se menciona en voz alta; dos minutos -que parecen diez- pasan antes de responder.
“En México hay gente muy buena, pero también aquella que vende hasta su propia madre, pienso en todas la veces que lo he visitado y siempre he regresado sin él, me da tristeza”
Desde hace 13 años Anita Zelaya madre de Rafael Alberto Rolin Zelaya, migrante salvadoreño desaparecido en este país no ve a su hijo, él tenía 23 años cuando decidió emigrar de su país.
Llevaba 350 dólares en el bolsillo y una cebadera (típica bolsa salvadoreña echa de pita), y dentro de ésta dulces y frutas.
“Me dijo, mamá ya vas a ver que con esto no voy a necesitar mucho, él creyó que con esa bolsa de dulces llegaría a Estados Unidos” sonríe irónicamente.
 Toma aire… retoma el relato: “nosotras las mamás decimos que México es una fosa clandestina, vemos tanta tumba por toda la ruta migratoria, que creemos que hasta se puede hundir de tantos hoyos donde yacen enterrados restos de migrantes”.
La terminal de autobuses Puerto Bus de San Salvador, fue el último escenario en que Anita vio y tocó a su hijo, con la esperanza de que se arrepintiera de su partida; lo acompañó hasta ahí, luego que en la Terminal de buses de Occidente ya no hubiera salidas de camiones hacia Guatemala, sin embargo, no hubo tal arrepentimiento “no me quedó más que darle un abrazo; darle la bendición y decirle que todo salga como vos lo querés hijo”, era un 2 de mayo de 2002.
Rafael había conseguido algunos trabajos, ganaba 216 colones a la semana (378 pesos o 24 dólares), las horas extras o el trabajo nocturno no aumentaba el salario, todo, por el mismo sueldo.
Se casó, fue padre de una niña que nació muerta por una negligencia médica, su esposa y él no superaron tal episodio y ella decidió partir hacía Estados Unidos, luego de cinco meses Rafael decidió reencontrarse con ella, pero eso, nunca pasaría.
Para Anita Zalaya, a quien le sobreviven tres hijos, no hay festejos ni días especiales, no hay alegrías, no hay navidad, no hay cumpleaños, ni tampoco hay Día de las Madres. “Yo el único regalo que quiero es a mi hijo desaparecido, son mis hijos juntos, es lo único que yo más pido” expresa con voz entre cortada.
La caída de las Torres Gemelas en Nueva York en el 2001, despertó su sentido de alerta, en esa época comenta, los migrantes eran visto como terroristas; les tiraban a matar; Anita, olía el peligro, pero Rafael no desistió.
“Llego el martes” fue lo último que escuchó Anita Zelaya de su hijo luego de que éste permaneciera 15 días en una “aldea” a seis kilómetros de ciudad Hidalgo, Chiapas -Anita lo sabe porque memorizó la descripción que él le hizo ese día al teléfono-.
Para una madre centroamericana que un hijo se vaya de indocumentado es no volverlo a ver, ya que si logran estabilizarse en el país de las barras y las estrellas, son pocos los que regresan; es perder una parte de si misma, es sentir un vacío que no se llena con nada, es remplazar los abrazos por su voz tras el teléfono, es no poder sentir la felicidad aunque ahora sí alcance para la cena o para pagar la renta.
“Antes pensaba en México como la canción: lindo y querido; pero ahora que hay más de 70 mil migrantes desaparecidos; de ese país lo único que veo bonito es la Villa de Guadalupe” reitera.
Así cuenta su historia.


LA BUSQUEDA…
Anita al ver que transcurría el tiempo –de mayo a agosto- y luego de no tener respuesta de su hijo vía telefónica, decidió partir hacía su búsqueda, el primer lugar a donde ella se dirigiría sería Frontera Hidalgo, un municipio del estado mexicano de Chiapas y que colinda con la República de Guatemala.
“Me fui con dos familiares y un guía a hacer la búsqueda personalmente, comprobé que ahí estuvo porque al mostrar la foto lo reconocían”.
El 8 de mayo, Rafael llamó a su madre, estaba en Tecún Umán, Guatemala, no con el “coyote” que había salido de su país sino con otro, ese que jamás llamó para pedir el resto del dinero requerido.
Y aunque Anita nunca pudo localizar a “los coyotes”, está segura de que viven en Frontera Hidalgo a 6 kilómetros de ciudad Hidalgo, Chiapas.
“Llegué a sus casas pero no los encontré, no sabía si estaban por ahí, porque no conocía sus rostros” afirma.
Aún en octubre de 2002 uno de los hermanos de Rafael y quien reside en Estados Unidos, recibió una llamada en el que le pedían 3 mil 500 dólares por dejar libre a su hermano, sólo pudo depositar mil 800 y nunca volvió a recibir noticias de él.
Ahora a través del Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos de El Salvador (Cofamide), Anita, así como por lo menos 350 madres salvadoreñas más, emplean diferentes mecanismos de búsqueda como las caravanas o el Banco de ADN.
Éste último para identificar los cuerpos deformados, en estado de descomposición o muchos de ellos sin rostros y en los que evidentemente una fotografía se hace insuficiente en está incesante búsqueda.
“La fe me tiene aquí, sin bajar los brazos y dispuesta a seguir luchando” expresa.


LA FIGURA DEL ESTADO…
Tras el lema “no hay dinero”, el gobierno de El Salvador ahora bajo el mandato de Salvador Sánchez Cerén, no ha colaborado con mecanismos de búsqueda y mucho menos con apoyo para la repatriación de paisanos salvadoreños, por lo que son los familiares quienes realizan el propio trabajo de las autoridades.
“A ellos lo único que les importan son las remesas que apoyan la economía del país pero no el precio que paga nuestra gente por mandar esas remesas; no toman en cuenta todas las violaciones a sus derechos humanos de las que son víctimas durante ese camino”.
No obstante, luego de muchas presiones y gracias en gran medida a los medios de comunicación el gobierno de El Salvador abrió las puertas a los familiares de migrantes desaparecidos, en apariencia reconoce Anita, pues la ayuda nunca se ha visto.
En México a través de la Fundación para la Justicia, se han podido dar varios logros como  incluir a víctimas extrajeras en la Comisión de Atención a Víctimas, por lo que pugnó Cofamide.
“En México hay un sistema de corrupción en el que no podemos confiar, no dan un informe que realmente sustente las dudas de las familias, podrán tener buenos peritos pero si el gobierno dice diga, o quemen y envíen cenizas, lo hacen, por eso nosotros no recibimos ya más cenizas” sentencia.
Ahora suscribe Anita, firmaron un Convenio con el hoy ex procurador de Justicia José Murillo Caram, para tener acceso a las exhumaciones de las fosas que se han encontrado en este país.  Todo con una esperanza, volver a encontrarse con sus hijos, así sean sus restos sembrados por toda la ruta migrante de México.

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