Manuel Ocaña laboraba para una
empresa que trabajaba para el Túnel sumergido donde perdió sus dos piernas; a
casi dos años del accidente Premaductos no quiere responder para indemnizarlo.
VILLA ALLENDE/NANCY MORALES
Manuel Ocaña González es un joven de tan solo 22 años proveniente de una familia humilde, quien a su corta edad se ve atado a una silla de ruedas pues no cuenta con sus dos piernas, debido a un terrible accidente que sufrió cuando trabajaba para una empresa de construcción que antes trabajaba para el Túnel sumergido.Actualmente su mayor preocupación es como sustentar a su pequeña hija y esposa, pues la empresa Permaducto S.A de C.V no se hizo responsable de indemnizarlo. Hace un año y medio Manuel se encontraba trabajando dentro de dicha empresa, sin imaginar que una máquina trituradora le quitaría sus piernas.Hoy en día tiene que batallar para conseguir el pan de cada día para su familia, haciendo pequeños trabajos para los pescadores como hacer o reparar redes, o salir a pescar por su cuenta a orillas del río, mientras que su esposa hace mandados o lava ropa para ayudarlo y poder comprarle leche y pañales a su pequeña hija de apenas un año.“Mi hija todavía no nacía cuando me pasó el accidente, no estuve en el parto porque yo estaba internado grave en el hospital. Pero pues las cosas suceden ya no podemos hacer nada, solo seguir adelante para poder sustentar a mi familia” expresó con resignación Manuel.
VILLA ALLENDE/NANCY MORALES
Manuel Ocaña González es un joven de tan solo 22 años proveniente de una familia humilde, quien a su corta edad se ve atado a una silla de ruedas pues no cuenta con sus dos piernas, debido a un terrible accidente que sufrió cuando trabajaba para una empresa de construcción que antes trabajaba para el Túnel sumergido.Actualmente su mayor preocupación es como sustentar a su pequeña hija y esposa, pues la empresa Permaducto S.A de C.V no se hizo responsable de indemnizarlo. Hace un año y medio Manuel se encontraba trabajando dentro de dicha empresa, sin imaginar que una máquina trituradora le quitaría sus piernas.Hoy en día tiene que batallar para conseguir el pan de cada día para su familia, haciendo pequeños trabajos para los pescadores como hacer o reparar redes, o salir a pescar por su cuenta a orillas del río, mientras que su esposa hace mandados o lava ropa para ayudarlo y poder comprarle leche y pañales a su pequeña hija de apenas un año.“Mi hija todavía no nacía cuando me pasó el accidente, no estuve en el parto porque yo estaba internado grave en el hospital. Pero pues las cosas suceden ya no podemos hacer nada, solo seguir adelante para poder sustentar a mi familia” expresó con resignación Manuel.
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