Lo que nunca lograron Tomás Ruiz, Salvador Manzur, Carlos Aguirre, Fernando Charleston y Mauricio Audirac con mucha más experiencia, Gómez lo habrá de alcanzar.
•La dupla infernal
•La iglesia de Lutero
Luis Velázquez
Escenarios
I
Antonio Gómez Pelegrín, sexto secretario de Finanzas y Planeación, se ha asumido como el salvador de la patria duartista.
Hacia el final del sexenio, lo que nunca lograron Tomás Ruiz, Salvador Manzur, Carlos Aguirre, Fernando Charleston y Mauricio Audirac con mucha más experiencia, Gómez lo habrá de alcanzar.
Incluso, hasta inventaron un decálogo de austeridad, cuando en la historia de la humanidad los diez mandamientos nunca han sido respetados ni lo serán, pues todo mundo, y por ejemplo, sigue deseando a la mujer del prójimo y del próximo.
Tampoco su biografía administrativa garantiza que pueda sacar al buen de la barranca, y más ahora cuando el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, ha ratificado que la caída en el precio internacional del petróleo seguirá descarrilada por varios más.
Incluso, hasta después del año 2016, cuando, todo mundo lo sabe, Veracruz es la entidad federativa más afectada por la cuestión petrolera.
Además, está visto que en el duartismo una cosita expresan en el discurso oficial y otra cosita operan.
II
Empleado de Juan Maldonado Pereda (QEPD) en el ayuntamiento jarocho, en la Secretaría General de Gobierno en el DF con Ramón Aguirre Velázquez de titular y en la Secretaría de Educación en el alemanismo, nadie conoce sus grandes resultados administrativos logrados en aquel entonces.
Pero, bueno, ahora tiene un nuevo panino, quizá aliado, acaso cómplice, socio, que lo ha encumbrado de director administrativo de la Contraloría a Sefiplan, para así manejar, además, el Orfis, con una fuerza política sin precedente.
Incluso, tal cual podría Ricardo García Guzmán ser condecorado como uno de los tres políticos fuertes del sexenio calificado en otro tiempo como el sexenio próspero, de lo que, ni hablar, nada quedaría.
García Guzmán, el cacique huasteco, el jefe máximo de las finanzas.
El billete, pues.
Arturo Bermúdez Zurita, el jefe máximo de la seguridad.
El dueño del miedo y el temor.
Gerardo Buganza Salmerón, el jefe máximo de la política interna.
La política/política con sentido personal para, digamos, cuajar su proyecto político.
III
Antonio Gómez, el salvador de la patria duartista.
En tiempo de la transparencia y la rendición de cuentas, nadie conoce su declaración patrimonial, el principio básico para saber la riqueza con que llega y la presunta fortuna con que terminará el sexenio.
Tampoco nadie ha resumido, y más en tiempo de tanto descrédito para el sexenio, tanta pérdida de confianza, tanta incredulidad, los atributos personales y sprofesionales para su ascenso, a excepción del visible y manifiesto dedazo del cacique huasteco, a quien en Pánuco le atribuyen el bombazo frente a la casa de la candidata priista a diputada federal.
Caray, si los cinco anteriores titulares de Sefiplan descarrilaron al duartismo, con el sexto secretario lo menos que podría hacer la dirección de Comunicación Social es documentar sus fortalezas para el rescate de la confianza del contribuyente, el inversionista y la población electoral.
Y más, en un tipo como Gómez, con cara dura, serio, seriecísimo, que en las calles y oficinas camina sobre las nubes, creído y petulante, salvador de la patria, escudriñando de arriba para abajo, incluso, hasta atropellando a los demás sin el saludo cortés y diplomático.
IV
Lo peor del asunto con todo y el llamado decálogo de austeridad es la dupla Gómez Pelegrín y García Guzmán para vigilar las finanzas de aquí, digamos, hacia el fin del sexenio.
Ni duda cabe. La iglesia en mano del par de Luteros.
Mejor dicho, de Lutero García, a quien Pelegrín debe la Sefiplan, aun cuando lo habría impuesto como el dueño de los títeres en el eje de la opacidad que va de Sefiplan, pasa a la Contraloría y termina en el Orfis, también, claro, en la Comisión de Vigilancia del Congreso, donde otro cacique, Juan Nicolás Callejas Arroyo, está para servir a la patria duartista.
La pinza, entonces, ha sido cerrada para con tanta tapadera (¡salucita, Gerardo Buganza), la elite priista siga ordeñando la vaca suiza a lo más que se pueda, y más porque con la elección de diputados federales las sucias cañerías del erario darán para exprimir la vaca, y más, mucho más con la elección de gobernador el año entrante.
El saqueo, pues.
Y, lo peor, el saqueo total y absoluto donde, y por desgracia para los 8 millones de habitantes de Veracruz, hay un PAN rojo, un PRD rojo, una AVE roja, un PT rojo, un Panal rojo, un PVEM rojo, un PES rojo, una Vía Veracruzana más roja, un Movimiento Ciudadano rojo, para que todos le peguen a la piñata repartiéndose el pastel con sentido democrático.
Es decir, e’to pa’ti y e’to pa’mí.
Tal cual ha sido en los últimos cuatro años y cuatro meses y nada indica que la tendencia histórica cambie.
Y si alguien cree en el llamado decálogo de austeridad… cada quien su vida como decía Albert Camus.
POSDATA: A diferencia del secretario General de Gobierno, Gerardo Buganza, quien enloquece con los reflectores desde que tomó posesión como secretario de Infraestructura y Obra Pública, Tomás Ruiz González ni una vez ha aparecido en el carril mediático… Bajo perfil, discrecionalidad absoluta, encerrado en su búnker, despidiendo personal, enrocando a los suyos… Por lo pronto, la denuncia penal contra 35 constructoras que se fregaron unos 125 millones interpuesta por Buganza, en el archivo muerto, empolvándose, sin ninguna posibilidad de aterrizaje, sin continuidad en la tarea de gobernar y ejercer el poder… Cada maestro con su librito… Cada uno por su lado… El barco, flotando… Mejor dicho, descarrilado…

No hay comentarios:
Publicar un comentario