domingo, 22 de marzo de 2015

Los sobrevivientes

Incluso, entre ellos hay quienes desde años nadan de muertitos, en tanto otros llevan años viviendo muertos.

Luis Velázquez/Escenarios


•Soñaron con la gubernatura
•“Si Duarte pudo… yo también”

I
Todos han sobrevivido en la política local. Mínimo, desde Rafael Murillo Vidal. Pero nunca se han acercado a la gubernatura, aun cuando en un momento de sus vidas creyeron, como un relámpago, que el dedo sagrado los había tocado.
Todos se han mantenido en cargos públicos, como en un carrusel de caballitos en feria aldeana. Y en el camino amontonaron toneladas de prestigio y experiencia y mañas. Incluso, entre ellos hay quienes desde años nadan de muertitos, en tanto otros llevan años viviendo muertos.
La fe política los ha mantenido en la esperanza.
Carlos Brito Gómez, por ejemplo, creyó que llegaría a la gubernatura. Y nunca.
También Felipe Amadeo Flores Espinoza.
Y ni se diga Miguel Ángel Yunes Linares.
Y Ranulfo Márquez Hernández.
Y Jorge Uscanga Escobar, quien, incluso, rozó el cielo.
Ramón Ferrari Pardiño, quizá, de igual manera.
Bueno, hasta el capitán Alejandro Montano Guzmán, camino a Damasco, de pronto, exclamó su frase bíblica:
No me dejen fuera. Yo también puedo y la quiero.
Por eso, el día cuando Javier Duarte protestó como gobernador de Veracruz, nadie resumió el sueño de todos ellos como Juan Alfredo Gándara Andrade, entonces, presidente municipal de Poza Rica:
Si Duarte pudo… yo también.

II
El síndrome también llega a las mujeres priistas.
Por ejemplo:
En su tiempo de presidenta municipal de Xalapa, a Elizabeth Morales García, Elmo, sus barbies le susurraban al oído una frase llena de miel:
Señora gobernadora, le decían y se la llegó a creer.
El mismo fenómeno se reprodujo en el puerto jarocho con la tuxtepecana Carolina Gudiño, a quien los suyos le decían la misma frase:
Señora gobernadora.
Es más, hubo un tiempo, cuando a la primera vocera duartista, María Georgina Domínguez apodaban la vicegobernadora, antes, mucho antes de que le empezaran a decir la Juana de Arco del siglo XXI en Veracruz.
Entonces, sus boletineros contaban que el gabinete legal se le cuadraba a partir del inmenso poder político y confianza de Duarte que acumuló, de tal manera que la visualizaban, primero, como secretaria de Gobierno, y luego, gobernadora.
Mucha, demasiada agua ha corrido desde la fecha.
La miel se diluyó en la noche de los tiempos y de los años luz de revoluciones por segundo que reciclaron sus vidas, ahora apenas, apenitas han quedado las cenizas.
Bueno, la Gudiño ha tenido, dicen, otro ataque cósmico y ya se mira la sucesora de Duarte.
Cada quien con sus fijaciones oníricas y onanistas.

III
Lo bueno es que la calentura política llega a todos los niveles.
Raymundo Riva Palacio, por ejemplo, cuenta en una de sus columnas Portaretrato, aquella mañana, tempranito, tiempo de la sucesión, cuando desde Los Pinos hablaron por teléfono a la casa de Porfirio Muñoz Ledo para informarle que el presidente Luis Echeverría iba hacia su casa.
Así, cuando Echeverría llegó a su casa caminaron, incluso, hasta el jardín y el presidente le dijo:
‘’Es muy pequeño para recibir contingentes’’.
Muñoz Ledo estuvo a punto del infarto. Sintió, percibió, quiso interpretar que Echeverría le enviaba un mensaje claro.
‘’Creí que el dedo me había iluminado’’ se dijo.
Por eso, cuando el presidente se retiró, Porfirio cabildeó con su vecino, el dueño de la casa de al lado, para que le vendiera su residencia, de tal manera que al concretarse la operación tumbó la mansión y extendió el patio como si fuera un campo de fútbol.
Pero, oh paradoja, el dedo presidencial nunca llegó…

IV
Nunca les llegó a todos ellos. Los Brito. Los Yunes. Los Flores Espinoza. Los Ranulfo. Los Uscanga.
Así es la vida política. Y lo peor es que acaso, quizá, algunos de ellos se habían frustrado en el camino, creyendo, estando seguros que Veracruz los desaprovechaba y que, bueno, ellos pudieron haber enaltecido el destino de la población.
Ahora, el tiempo ya se les fue.
En la esperanza de la gubernatura, ni modo, envejecieron. Pero al mismo tiempo, han sobrevivido, y tan bien, que algunos les llaman los vi-vis, es decir, los viejos vividores, reducidos a la simple asesoría a uno que otro político que por desgracia ni los pela…

POSDATA: En contraparte a Veracruz, la madurez cívica de la población en Nuevo León se mide por lo siguiente: hay 22 candidatos independientes a gobernador, diputados locales y alcaldes… En el territorio jarocho, por ejemplo, solo hay unos seis candidatos ciudadanos al Congreso de la Unión… El resto, incluso, fueron vetados por el Instituto Nacional Electoral, INE… La bandera de todos ellos en Nuevo León es la misma que aquí entre nosotros pudieron enarbolar: la corrupción política…

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